sábado, 22 de junio de 2019
jueves, 20 de junio de 2019
Hipotesis para el Tp Tactico 2, la arquitectura como fragmento urbano
Resumen
Ciudad “háptica” versus Ciudad “para la vista” en Juhani Pallasmaa
Manuel F. Lorenzo
Universidad de Oviedo
La reflexión sobre la ciudad y la arquitectura ciudadana es uno de los temas de más imperiosa actualidad, no solo
por razones de creciente hacinamiento poblacional, ecológicas o económicas, sino también por razones estéticas y
filosóficas. Sobre todo desde la irrupción de la arquitectura del acero, vidrio y hormigón, llamada moderna, de los
Mies van der Rode, Le Corbusier, etc., que ha evolucionado con fuerza suficiente desde la segunda mitad del
pasado siglo, pasando de un funcionalismo clásico plano y desprovisto de adornos inútiles hacia el giro manierista
de la llamada arquitectura deconstructiva, tipo Frank Gehry, en la que se empieza a retorcer la geometría euclídea
de los edificios curvando o doblando caprichosamente las paredes, o hacia el barroquismo arquitectónico postmoderno en el que la ornamentación tiende a imponerse por encima de la función.
A su vez, parece anunciarse una nueva crítica a estos coletazos tardo-modernos que ya no trata de retorcerlos
caprichosamente, provocando una deshumanización mayor del arte, como diría Ortega, sino que busca su rechazo y
su superación en una vuelta vitalista a las fuentes humanas esenciales que nos caracterizan de modo trascendental,
no ya como sujetos metafísicamente idealizados y plenamente computerizados, sino como sujetos existenciales,
imperfectos, finitos e imprevisibles, dados en relación con un difícil y siempre peligroso mundo entorno natural,
desde hace millones de años. Dentro de esta nueva crítica destaca con fuerza, en los últimos años, la figura de
Juhani Pallasmaa, un arquitecto finlandés de prestigio internacional que ha iniciado con un pequeño libro, The eyes
of the skin. Architecture and the senses1
, bien acogido como lectura necesaria en numerosas escuelas de
arquitectura de todo el mundo, una penetrante crítica a la actual arquitectura predominante en las ciudades más
desarrolladas del planeta, caracterizándola como una arquitectura predominantemente visual, hecha principalmente
para ser mirada. Lo cual implica un predominio de la imagen en esta nueva arquitectura espectáculo que confluye
con la llamada cultura espectáculo, la política orientada a cuidar la imagen de los candidatos, etc., propia de las
llamadas sociedades tardo-modernas.
Este libro de Pallasmaa fue seguido por otros dos libros que continúan y profundizan la crítica a lo que el autor
denomina como “ocular-centrismo” arquitectónico, formando una especie de trilogía. Son los libros: The Thinking
Hand. Existential and Embodied Wisdom in Architecture2 y The Embodied Image. Imagination and Imagery in
1 Juhani Pallasmaa, The eyes of the skin. Architecture and the senses, Academy Editions, London, 1995, and John Wiley & Sons, London, 2005;
traducido al español por Moisés Puente y editado como Los ojos de la piel por Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2012, por donde se citará. 2 Juhani Pallasmaa, The Thinking Hand. Existential and Embodied Wisdom in Architecture , John Wiley & Sons, London, 2009; también
traducido al español por Moisés Puente y editado como La mano que piensa en Gustavo Gili, Barcelona, 2012, por donde se citará.
Fecha de entrada: 24-09-20123 Fecha de aceptación: 02-10-2013
Ciudad “háptica” versus Ciudad “para la vista” en Juhani Pallasmaa | Manuel F. Lorenzo
70
SEPTIEMBRE
2013
Architecture3
. El conjunto de los tres libros, repletos de cuidadas ilustraciones fotográficas y concebido por el
propio autor como un tríptico4
, puede ser interpretado como formando una estructura que ejemplifica el recorrido
que toda reflexión teórico filosófica debe hacer, según el modelo académico instaurado por Platón en el famoso
Mito de la Caverna: crítica de las apariencias, salida de la caverna buscando el fundamento verdadero y vuelta a la
caverna para reinterpretar las apariencias desde el nuevo punto de vista adquirido con el descubrimiento de la
verdad.
El primer aspecto de crítica de la arquitectura puramente visual de la ciudad “para los ojos” lo aborda Pallasmaa en
Los ojos de la piel. La salida de este mundo engañoso y alienante de la arquitectura que busca impactar con la pura
imaginería la encuentra, en La mano que piensa, regresando a una nueva explicación del conocimiento desarrollada
por filósofos contemporáneos como Heidegger o Merleau-Ponty, Satre o Lakoff que remite al cuerpo y, más
precisamente a las acciones manuales, al heideggeriano “ser a la mano”, como fuente originaria de nuestra relación
inmediata con el mundo. Y el tercer libro, The embodied image, ( “la imagen corporeizada”), trata de reinterpretar
el mundo artístico de la imagen, no de forma visual, substancial y exenta con respecto al resto del cuerpo, sino en su
conexión necesaria con la corporalidad del propio sujeto creador, o del meramente receptor o espectador del arte
que habita la ciudad y sus sofisticados edificios arquitectónicos. Trataremos, en lo que sigue, de exponer esta ida
platónica hasta el fundamento verdadero y su vuelta desde él, realizado por Pallasmaa en su transición, para decirlo
en términos heideggerianos, de la ciudad como un “ser para la vista” (Vorhandensein) a la ciudad como un “ser
para la mano” (Zuhandensein).
Fugas del Tp Tactico 2 la aquitectura como fragmento urbano . Resumen del libro Atmósferas de Peter Zumthor.
Peter Zumthor ATMÓSFERAS
Hace ya mucho tiempo que me interesa qué es la calidad arquitectónica. Me resulta relativamente fácil decirlo: la calidad arquitectónica no es, para mí, ser incluido entre los líderes de la arquitectura o figurar en la historia de la arquitectura, que te publiquen, etc. Para mí la realidad arquitectónica solo puede tratarse de que un edificio me conmueva o no.
El concepto para designarlo es el de ´atmósfera´. La atmósfera habla a una sensibilidad emocional, una percepción que funciona a una increíble velocidad y que los seres humanos tenemos para sobrevivir. Hay algo dentro de nosotros que nos dice enseguida un montón de cosas; un entendimiento inmediato, un contacto inmediato, un rechazo inmediato.
Ahora bien, ¿qué me conmueve? Todo. Todo, las cosas, la gente, el aire, los ruidos, los colores, las presencias materiales, las texturas, y también las formas. Formas que puedo entender. Formas que puedo intentar leer. Formas que encuentro bellas. ¿Y qué más me ha conmovido? Mi propio estado de ánimo, mis sentimientos, mis expectativas cuando estaba sentado allí. Me viene a la cabeza esa célebre frase inglesa, que remite a Platón: “Beauty is in the eye of the beholder” [“La belleza está en los ojos de quien mira”]. Es decir: todo está solamente dentro de mí. Y nunca hubiera tenido tales sentimientos sin esa atmósfera. Hay un intercambio entre las personas y las cosas. Con eso tengo que tratar como arquitecto. Y pienso: ésta es mi pasión. Existe una magia de lo real. Conozco muy bien la magia del pensamiento. Y la pasión del pensamiento bello. Pero me refiero a algo que, con frecuencia, encuentro más increíble: la magia de lo verdadero y de lo real.
Como arquitecto me pregunto: La magia de lo real, de por ejemplo, el café de la residencia de estudiantes de Hans Baumgartner. Esos hombres están ahí sentados y la disfrutan. Me pregunto: como arquitecto, ¿puedo proyectar algo con esa atmósfera, con esa densidad, ese tono? Y si es así, ¿cómo? Y pienso que sí y pienso que no.
Llevar a cabo esta tarea de crear atmósferas arquitectónicas también tiene un lado artesanal. En mi trabajo tiene que haber un procedimiento, unos intereses, unos instrumentos, unas herramientas. Me observo ahora a mí mismo y os cuento en nueve minicapitulos lo que me he encontrado en el camino, lo que me lleva en una dirección cuando intento generar esa atmósfera en mis obras. Estas respuestas son sumamente personales; no tengo otras. Son altamente sensibles e individuales; de hecho, probablemente sean producto de sensibilidades propias, personales, que me llevan a hacer las cosas de una determinada manera.
- El cuerpo de la arquitectura. La presencia material de las cosas propias de una obra de arquitectura, de la estructura. En ellas encuentro el primer y más grande secreto de la arquitectura: reunir cosas y materiales del mundo para que, unidos creen este espacio. Como nuestro cuerpo, con su anatomía y otras cosas que no se ven, una piel, etc., así entiendo yo la arquitectura y así intento pensar en ella; como masa corpórea, como membrana, como material, como recubrimiento, tela, terciopelo, seda…, todo lo que me rodea, ¡El cuerpo! No la idea de cuerpo, ¡sino el cuerpo! Un cuerpo que me puede tocar.
- La consonancia de los materiales. Los materiales concuerdan armoniosamente entre sí y producen brillo, y de esta composición surge algo único. Los materiales no tienen límites. Un mismo material tiene miles de posibilidades. Me gusta este trabajo y cuanto más tiempo lo llevo haciendo, tanto mayor misterio parece cobrar. Pero esto no es todo, hay otra cosa, una cercanía crítica entre los materiales que depende del tipo de material y de su peso. Se pueden combinar materiales en un edificio, y llega un punto en el que se distancian demasiado unos de otros, no vibran conjuntamente, y, más tarde, otro punto donde están demasiado próximos, y luego están como muertos.
- El sonido del espacio. Todo espacio funciona como un gran instrumento; mezcla los sonidos, los amplifica, los transmite a todas partes. Tiene que ver con la forma y con la superficie de los materiales que contiene y con cómo éstos se han aplicado. Por desgracia, hoy en día mucha gente no percibe el sonido del espacio en absoluto. Sí, el sonido del espacio; personalmente, lo primero que me viene en mente son los ruidos, los ruidos de mi madre trajinando en la cocina con los cacharros cuando yo era un niño. Me hacían feliz. Pero también se oyen los pasos en el gran vestíbulo de una estación de tren, los ruidos de la ciudad, etc. Imaginemos que eliminamos todos los ruidos ajenos al edificio, que no queda nada que lo toque. Entonces, podemos plantearnos: ¿sigue teniendo el edificio un sonido? Yo creo que todo edificio emite un sonido, que no está causado por la fricción. No sé lo que es. Encuentro hermoso construir un edificio e imaginarlo en su silencio. Esto es, hacer del edificio un lugar sosegado, algo bastante difícil de lograr hoy en día que nuestro mundo es tan ruidoso. Cuesta mucho conseguir que los espacios cobren sosiego y desde el silencio, imaginarse cómo sonará el espacio con proporciones y materiales adecuados.
- La temperatura del espacio. Creo que todo edificio tiene una determinada temperatura. Uno sabe muy bien que los materiales extraen más o menos calor de nuestro cuerpo. Por ejemplo, el acero es frío y reduce el calor, y cosas así. Quizás sea un poco como ‘temperar’ pianos –es decir, buscar la afinación adecuada-, tanto en un sentido propio como figurado. Esto es, esta temperatura es tanto una física como psíquica. Es lo que veo, siento, toco, incluso con los pies.
- Las cosas a mi alrededor. Cada vez que entro en edificios, en espacios donde vive gente –amigos, conocidos o gente que no conozco-, me siento impresionado por las cosas que la gente tiene consigo, en su entorno doméstico o laboral. Y, a veces constato que las cosas coexisten de un modo cariñoso y cuidadoso, y que quedan bien allí. Me pregunto si es tarea de la arquitectura crear un recipiente que contuviera todas aquellas cosas, o para acoger el mundo del trabajo, o lo que sea; en definitiva, todo aquello que le permita a uno tener consigo esas cosas. Esa idea de que cosas que nada tienen que ver conmigo como arquitecto tengan su lugar en un edificio, su lugar justo, me ofrece una visión del futuro de mis edificios, un futuro que ocurre sin mi intervención. Esto me ayuda a imaginarme el futuro de los espacios, de las casas que construyo.
- Entre el sosiego y la seducción. Sin duda, la arquitectura es un arte espacial, pero también un arte temporal. No se la experimenta en sólo un segundo. Cuando recapacito sobre cómo nos movemos en un edificio no pierdo de vista esos dos polos de tensión con los que me gusta trabajar. Para mi es increíblemente importante inducir a la gente a moverse libremente, a su aire, en una atmósfera de seducción y no de conducción. Los pasillos conducen a la gente, pero también pueden seducirla dejándola libre, permitiéndole pasear pausadamente. En ocasiones, lograrlo tiene un poco que ver con la escenografía. Tengo que decir que ese es uno de mis mayores placeres: no ser conducido, sino poder pasear con toda libertad, a la deriva. Como en un viaje de descubrimientos. Como arquitecto, tengo que asegurarme de que eso no se convierta, acaso sin quererlo, en un verdadero laberinto. Conducir, inducir, dejar suelto, dar libertad. Crear lugares donde no haya nada que sirva de reclamo, donde se pueda simplemente estar.
- La tensión entre interior y exterior. Encuentro increíble que con la arquitectura arranquemos un trozo de globo terráqueo y construyamos con él una pequeña caja. De repente nos encontramos con un dentro y un afuera. Eso significa: umbrales, tránsitos, aquel pequeño escondrijo, espacios imperceptibles de transición entre interior y exterior, una inefable sensación del lugar, un sentimiento indecible que propicia la concentración al sentirnos envueltos de repente, congregados y sostenidos por el espacio. Y entonces tiene lugar allí un juego entre lo individual y lo público. Me enorgullece que a nosotros los arquitectos se nos permita hacer cosas parecidas en cada edificio. Y siempre me lo imagino así en cada edificio que hago. ¿Qué quiero ver yo cuando estoy dentro? ¿Qué quiero que vean los otros de mí? ¿Y qué referencia muestro con mi edificio al exponerlo al público? Los edificios siempre comunican algo a la calle o a la plaza. Pueden decir a la plaza: me alegra estar en esta plaza. O bien pueden decir: soy el edificio más bello; todos vosotros sois realmente malos. Soy como una diva. Todo eso pueden decir los edificios.
- Grados de intimidad. Tiene que ver con la proximidad y las distancia. El arquitecto clásico lo llamaría ‘escala’, pero suena demasiado académico. Yo me refiero a algo más corporal que la escala y las dimensiones. Concierne a distintos aspectos: tamaño, dimensión, proporción, masa de construcción en relación conmigo. ¿Conocéis esa puerta angosta y alta, ésa por la que la gente al pasar parece que cobra buena presencia? ¿La puerta –algo aburrida- ancha y un poco amorfa? ¿Conocéis esos grandes portales intimidatorios, ésos que confieren al encargado de abrirlos un aspecto imponente u orgulloso? A lo que me refiero es al tamaño, la masa, y el peso de las cosas. Es interesante que las cosas que son más grandes que yo puedan apabullarme. Pero, la villa Rotonda de Palladio, por ejemplo, es algo grande y monumental, y sin embargo, al entrar no me siento en absoluto intimidado, sino, más bien, me siento cercano a lo sublime. El entorno no me amedranta sino que, de algún modo, me hace más grande o me deja respirar con mayor libertad. Ahí se dan sorprendentemente, ambas cosas. Además se debe tener en cuenta esa distancia o cercanía entre yo y lo construido. Siempre me gusta pensar que hago algo para mí o para otra persona, para mí solo y para mí en un grupo.
- La luz sobre las cosas. Estuve mirando durante cinco minutos qué pasaba con la sala de estar de mi casa. Cómo era la luz. Me puse a examinar dónde y cómo daba la luz de lleno, dónde había sombras y cómo las superficies estaban apagadas, radiantes o emergían de la profundidad. ¡Es fantástico! Una de mis ideas preferidas es primero pensar el conjunto del edificio como una masa de sombras, para, a continuación –como en un proceso de vaciado-, hacer reservas para la instalación que permita las luces que queremos. Mi segunda idea favorita consiste en poner los materiales y las superficies bajo el efecto de la luz, para ver cómo reflejan. ¡Es tan hermoso poder elegir y combinar materiales, telas, vestidos que luzcan a la luz! En lo que se refiere a la luz, natural y artificial, debo confesar que la natural, la luz sobre las cosas, me emociona a veces de tal manera que hasta creo percibir algo espiritual. Cuando el sol sale por la mañana, y vuelve a iluminar las cosas, me digo: ¡esa luz, esa luz no viene de este mundo! No entiendo esa luz. Tengo entonces la sensación de que hay algo más grande que no entiendo. Siento un gozo inmenso y estoy infinitamente agradecido de que haya algo así. Para un arquitecto, tener esa luz es mil veces mejor que tener luz artificial.
Tengo que confesar lo siguiente: aún tengo tres pequeños apéndices. Creo que los nueve puntos de los que he hablado hasta ahora no son más que puntos de arranque de mi trabajo.
La primera de mis extralimitaciones, de mis incursiones trascendentales, sería afirmar:Arquitectura como entorno. Se trata, para mí del entorno que pasa a ser parte de la vida de la gente, un lugar donde crecen los niños. Quizá, 25 años más tarde, se acuerden inconscientemente de algún edificio en particular, de un rincón de una calle, de una plaza, sin saber quiénes son sus arquitectos, algo que tampoco es importante. Pero sí la imagen de que las cosas están ahí, de las que uno no es responsable, pero que te han conmovido. Para mí hay algo mucho más hermoso: imaginarme cómo un edificio mío será recordado por alguien al cabo de 25 o 30 años. Quizás porque allí besó a su primer amor. No importa la razón. He aquí mi primera incursión trascendente: intentar hacer arquitectura como entorno. Quizá, en definitiva, esto tenga que ver con el amor. Amo la arquitectura, amo el entorno construido y creo que lo amo cuando la gente también lo ama. Tengo que admitir que me alegra hacer cosas que la gente ame.
Apéndice segundo. Coherencia. No es más que una mera sensación. Es decir, todas estas ideas sobre el hacer y producir arquitectónico tienen un lado totalmente distinto, un lado profesional, del que no hablo aquí. Se trata sólo de la labor del día a día en el estudio, algo de lo que se puede hablar en una universidad o en el despacho, ¿no? Me refiero a que me gustaría que el uso superase todas esas cosas, las decisiones que se toman entre miles. En resumen, que el mayor cumplido que se me puede hacer es que todo encuentre su explicación en el uso. Éste sería para mí el más bello cumplido. Creo que una expresión antigua aún más hermosa para referirse sea que las cosas llegan entonces a ser ellas mismas; son por ellas, mismas, porque entonces son lo que quieren ser. La arquitectura se ha hecho para nuestro uso. En ese sentido, no es un arte libre. Creo que la tarea más noble de la arquitectura es justamente ser un arte útil. Pero lo más hermoso es que las cosas hayan llegado a ser ellas mismas, a ser coherentes por sí mismas. Entonces todo hace referencia a ese todo y no se puede escindir el lugar, el uso y la forma.
Pero todavía falta algo. En los nueve puntos y dos apéndices he evitado hablar sobre la forma. No trabajamos con la forma, trabajamos con el resto de cosas, el sonido, los ruidos, los materiales, la construcción, la anatomía, etc. Con un ojo puesto simultáneamente en el lugar y el uso. Puede ocurrir que haya en ello una coherencia, que muchas cosas concuerden; me quedo mirando y me digo: sí, todo cuadra, ¡pero no es bello! Creo que si el trabajo ha salido bien, las cosas toman forma ante la que yo mismo, después de tan largo trabajo, me quedo sorprendido. Entonces experimento una gran alegría, y también me hace sentir orgulloso. Pero si, al final, aquello no me parece hermoso, esto es, no es bello para mi, si la forma lograda no me conmueve, vuelvo de nuevo atrás y empiezo desde el principio. Esto significa que el último capítulo, o mi objetivo último, podría designarse probablemente como La forma bella. Quizás la encuentre de nuevo en los iconos, a veces la encuentro en una naturaleza muerta, y todo ello me ayuda a ver cómo algo ha encontrado su forma, pero también que puedo encontrarla en utensilios de la vida cotidiana, en la literatura o en piezas de música.
miércoles, 24 de abril de 2019
Careri, el andar como práctica estética Autor Jose Fariña
EL BLOG DE JOSÉ FARIÑA
ISSN: 2605-3306
fuente:
En el año 1979 el director ruso Tarkovski estrena la película Stalker. Película para la que, según sus propias palabras, se había estado preparando toda su vida. Está basada en el relato de los hermanos Strugatski titulado “Picnic junto al camino (Piknik na obochine)”. Si todavía no la conocéis (y seguro que los más jóvenes no la conocéis) sería bueno que tratéis de verla ya que a pesar de que está en ruso incluye subtítulos en español, inglés y creo que francés. De todas formas lo del idioma es lo de menos, ya que casi toda la banda sonora se basa en el sonido ambiente y se sigue bien con los subtitulos. Para mí, que ya sabéis que me encantan las metáforas y el camino como metáfora, probablemente sea una de las mejores películas de la historia del cine.
Cuenta la caída de un meteorito cerca de una pequeña ciudad rusa y de cómo las autoridades acordonan el perímetro afectado por el impacto, que pasa a denominarse La Zona, e impiden el acceso a la población (todo esto diez años antes de Chernobil). Se rumorea que en su interior hay una Habitación donde todo el que entra logra sus deseos. La película consiste en la narración del viaje por La Zona en busca de la Habitación, y su vuelta a la ciudad, de tres hombres: el Stalker (el Guía, que sólo va para acompañar a los otros dos), el Escritor y el Profesor. La fotografía es extraordinaria. Comienza en tonos sepia en la ciudad que ya en la Habitación se convierte en color, significando el tránsito al mundo de los deseos. La música de Artemiev se mezcla con el sonido ambiente produciendo una banda sonora casi hipnótica y extraña que, unida a un ritmo cinematográfico lento, que se recrea en producir imágenes casi pictóricas, produce un resultado muy especial.
En realidad hoy no quería hablaros de cine (este blog no es de cine) pero siempre que empiezo a escribir las cosas se van liando y nunca sé muy bien en qué (o dónde) acabará todo. Me pasa algo parecido a la metáfora del camino que tanto me gusta: lo que importa no es el destino, el sitio a donde vayas, sino el hecho del viaje, el propio recorrido. De todas formas hoy voy a intentar centrarme. Quería hablaros de un libro “Walkscapes, el andar como práctica estética” de Francesco Careri, profesor de la Universidad Roma Tre y miembro del grupo Stalker (por fin hemos llegado). El grupo se formó en los años 90 como una especie de laboratorio dedicado a la investigación sobre el arte urbano y con una atención preferente a las zonas periféricas de las ciudades. En sus comienzos este grupo de arquitectos redactó un manifiesto programático titulado “Stalker attraverso i territori attuali”. Propone buscar la ciudad inconsciente en esos territorios de nadie, difusos, perdidos entre áreas de urbanización dura (esos territorios que muchos entendemos como la esencia de la ciudad actual) para experimentar con ellos.
El método que proponen para hacerlo es la “transurbancia”. Se trata de pasear, de recorrer el territorio levantando mapas no convencionales. Como se puede leer en su página web: “Si se afronta a pie, la metrópoli se convierte en un mundo inexplorado en muchas de sus partes, un mundo hecho de territorios caóticos, en el cual los asentamientos abusivos se sitúan junto a los yacimientos arqueológicos; las líneas de alta tensión y las autopistas se intersecan con los acueductos romanos; y las modernas ruinas industriales acogen una fauna y una flora que jamás hasta ahora habían habitado la ciudad”.
Stalker es en la actualidad también Osservatorio Nomade definido como un proyecto transdisciplinar de investigación y que centra muchas de las actividades del grupo. He comenzado por hablar de Stalker y del Osservatorio Nomade porque pienso que sin estos antecedentes la figura de Francesco Careri no se entiende adecuadamente. Puede ayudar también la magnífica entrevista que para el blog Epulare le hizo Jorge García de la Cámara con ocasión de una visita que realizó a Barcelona el año pasado. En esta entrevista, además de explicar su particular trayectoria, habla de la enseñanza de la arquitectura y de los problemas de los arquitectos (que se encuentran en plena redefinición de su rol en la sociedad actual) y de la necesidad de que los estudiantes se impliquen más en la vida y conocimiento de su ciudad. También sobre el hecho de estar continuamente reinventando las mismas cosas. Respecto a este tema me gustaría recordaros el artículo que escribí en el mes de febrero (al comienzo de este semestre) sobre la enseñanza del proyecto urbano, sobre todo en su parte final donde hacía referencia a la revista Antipode y las expediciones de los geógrafos radicales americanos en los años sesenta del pasado siglo.

El libro (por fin empiezo) “Walkscapes, el andar como práctica estética”, está publicado por Gustavo Gili en el año 2002 y cuenta con una introducción de Gilles Tiberghien que no tiene desperdicio. Está en castellano y en inglés, con el sistema de una columna para cada idioma que, desde mi punto de vista, no sirve más que para desperdiciar papel, pero en el resto responde a los estándares de calidad a que nos tiene acostumbrados la editorial. Es decir, que se trata de un libro que se lee sin ninguna dificultad y al que se acaba por tenerle cariño. Desde que se publicó lo vengo recomendando a mis alumnos de “Introducción al Urbanismo” y de “Paisaje y Territorio” de la Escuela de Arquitectura de la Politécnica de Madrid. Pero dado su interés y capacidad de sugestión pienso que se merece comentarlo en el blog.
En el prólogo, llamado “Ciudad nómada”, dice Gilles Tiberghien que el andar ha producido arquitectura y paisaje, y que esta práctica, casi olvidada por completo por los propios arquitectos, se ha visto reconsiderada por los poetas, los filósofos y los artistas. Esta actividad de andar también la ha tratado de reactivar el grupo Stalker que, desde 1995 ha atravesado a pié determinadas zonas intersticiales de Roma, Milán, Torino, Berlín o Miami. Actualmente es ON (Osservatorio Nomade) quien ha tomado el relevo (pueden encontrarse sus últimos proyectos como la “2ª Giornata mondiale della Lentezza” celebrada en Roma, el 25 de febrero de este mismo año, en su página web). En este mismo prólogo de Giles Tiberghien se incluye una cita del libro de John Brinckerhoff titulado “A Sense of Place, a Sense of Time” que no me resisto a transcribir: “Las carreteras ya no nos llevan solamente a unos lugares, sino que son lugares”.
El libro en sí se divide en tres partes: Anti-Walk, Land Walk y Transurbancia, precedidas por una especie de introducción que llama “Errare humanum est…” En esta introducción es donde Careri plantea algunas de las hipótesis que luego desarrollará en el libro. Desde mi punto de vista, académicamente es la parte más floja (y discutible) ya que se encuentra plagada de afirmaciones sin sustento teórico (ni racional) que reinterpretan incluso la historia de la humanidad en clave nómada. Sin embargo, es también la parte más sugerente ya que muchas de estas afirmaciones sin sustento teórico podrían dar lugar a decenas de trabajos de investigación. Es esta capacidad de sugerencia (que abarca todo el libro) la que hace recomendable su lectura y uno de sus valores fundamentales.
Plantea la colocación de los menhires casi como un acto fundacional humano. Dice en la primera página, casi en la primera línea: “Antes de levantar el menhir –llamado en egipcio benben ‘la primera piedra que surgió del caos’-, el hombre poseía una manera simbólica con la cual transformar el paisaje. Esta manera era el andar, una acción fatigosamente aprendida durante los primeros meses de vida, que se convertiría más tarde en un acto que dejaba de ser consciente y pasaba a ser natural, automático. A través del andar el hombre empezó a construir el paisaje natural que lo rodeaba. Y a través del andar se han conformado en nuestro siglo las categorías con las cuales interpretamos los paisajes urbanos que nos rodean.”
Entiende por tanto el recorrido, el espacio atravesado, como la primera acción estética que permite organizar el territorio de la naturaleza con claves humanas. Por tanto, para Careri, el andar es un arte que contiene en su seno tanto al menhir como a la arquitectura, el paisaje o la escultura. Y es sólo andar la acción que permite reintegrarlas a todas ellas de manera unitaria: “En la actualidad podríamos construir una historia del andar como forma de intervención urbana, que contiene los actos simbólicos de aquel acto creativo primario: el errar en tanto que arquitectura del paisaje, entendiendo por paisaje el acto de transformación simbólica, y no sólo física, del espacio antrópico.”
Se cierra el círculo, el menhir como paisajeFamilia de menhires por la paz
La Coruña (España), Fotografías de Galicia
La interpretación que hace en clave nómada de la parábola de Caín y Abel es realmente ingeniosa y todavía más si luego se comprende que la utiliza de base para apoyar las palabras de Giles Deleuze y Félix Guattari en su libro “Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia” cuando diferencian el espacio sedentario del espacio nómada según las marcas más o menos permanentes en el territorio. Entiende así el espacio sedentario como un espacio lleno y el nómada como vacío. Aunque también diferencia a éste del espacio del errabundeo en el sentido de su finalidad es perseguir las presas para cazarlas mientras que el del nómada es la trashumancia y, por tanto, con componentes más cíclicos y menos azarosos.
De cualquier forma, el acto trascendental va a tener lugar con la erección del menhir. Según el autor “El menhir constituye la nueva presencia en el espacio del neolítico. Es el objeto a la vez abstracto y vivo a partir del cual se desarrollarán posteriormente la arquitectura (columna tripartita) y la escultura (la estela-estatua)”. Entiende, por tanto, que el espacio recorrido es anterior al espacio arquitectónico lo que tiene importantes repercusiones que son claves para su entendimiento: “… una vez eliminada la insensatez de aquellas convicciones, tan habituales, según las cuales la arquitectura sería una invención vinculada al mundo sedentario y en ningún caso al nómada, no vamos a entrar en la historia de la arquitectura posterior, sino que nos detendremos en la etapa del errabundeo, en el recorrido entendido como acción simbólica y no como signo o como objeto situado en el espacio”.

A partir de esta base Careri profundiza en tres momentos de transición fundamentales en la Historia del Arte enfocándolos desde la especial perspectiva de caminar. La primera entre el Dadaísmo y el Surrealismo, la segunda de la Internacional Letrista a la Situacionista y la tercera del Minimalismo al Land-Art. Dice refiriéndose a estos momentos: “Al analizar dichos episodios se llega con claridad a una historia de la ciudad recorrida que va desde la ciudad banal de Dada hasta la ciudad entrópica de Robert Smithson, pasando por la ciudad inconsciente y onírica de los surrealistas y por la ciudad lúdica y nómada de los situacionistas.”
En el capitulo que llama Anti-Walk analiza los dos primeros periodos. Parte de las visitas organizadas en los años veinte del pasado siglo por Dada a los lugares más banales de la ciudad de París. Luego, en 1924, la propuesta del vagabundeo a campo abierto y el descubrimiento en el andar de una componente onírica y surreal. El viaje se convierte entonces en algo parecido a una ceremonia iniciática capaz de revelar las zonas inconscientes del espacio y las áreas invisibles de la ciudad. En los años cincuenta la Internacional Letrista cambia el sentido del deambular surrealista construyendo la Teoría de la Deriva que en 1956 (en España estábamos aprobando la primera Ley del Suelo) en Alba tropieza con la cultura nómada. Un año después Constant proyecta un campamento para los gitanos de Alba mientras se difunden las primeras imágenes de una ciudad basada en el deriva.
Los situacionistas sustituyen las ciudad onírica de los surrealistas por una ciudad lúdica, y el azar del errabundeo por la construcción de unas reglas de juego propias, no convencionales. Pero el que le da una dimensión histórica y arquitectónica a la teoría de la deriva es Constantproponiendo New Babylon. No se trata “de una ciudad sedentaria enraizada en el suelo, sino de una ciudad nómada suspendida en el aire, una Torre de Babel horizontal que va ocupando territorios inmensos hasta envolver toda la superficie de la Tierra”. Parece que proyectar una ciudad para una población nómada que niega la ciudad es un contrasentido y de este contrasentido surge “una arquitectura megaestructural y laberíntica, construida en base a las líneas sinuosas de los recorridos nómadas”. El proyecto se desarrolla a la vez que la teoría situacionista del “urbanismo unitario” una nueva forma creativa de transformación del espacio urbano, en que las diferentes artes confluyen en la construcción de la ciudad, y los ciudadanos asumen la autodeterminación de su propio ambiente.
El capitulo que llama Land Walk está dedicado al andar como forma de intervención artística en la naturaleza. Parte de un articulo seminal, el publicado por Tony Smith en 1966 en la revista Artforum, sobre el relato de su viaje por una autopista en construcción, que origina toda la polémica entre críticos de arte y minimalistas. Dice Careri “El land art revisita a través del andar los orígenes arcaicos del paisajismo y de las relaciones entre arte y arquitectura, haciendo que la escultura se reapropie de los espacios y los medios de la arquitectura”. Otro momento importante es 1967, cuando Richard Long realiza A Line Made by Walking (pueden entrarse más detalles en el articulo de este blog “El paisaje, intervenciones artísticas no destructivas”) y Robert Smithson termina A Tour of the Monuments of Passaic, el primer viaje a través de los espacios vacíos de la periferia contemporánea.
En el capitulo sobre la Transurbancia Careri explica la propuesta de Stalker/ON para analizar, intervenir y comprender la ciudad de la periferia que se ha formado al margen de casi todo. Esta ciudad periférica, formada por fragmentos que se sobrepone a todos los intentos actuales de organización y planificación, que se dibuja mediante distribuciones irregulares y parece como si gozara de la misma cualidad que los fractales: la autosimilitud. A diferentes escalas los fragmentos son muy similares. Esta es la ciudad de la transurbancia. Ya acabo. A los que sigáis este blog os van a sonar las palabras que aparecen casi al final del libro al referirse al desmoronamiento de la ciudad tradicional, y con las que termino esta reseña:
“Un primer paso fue la comprensión de que este proceso de desmoronamiento se estaba extendiendo mucho más allá de los límites de lo que se creía que era la ciudad, y que formaba un auténtico sistema territorial, la “ciudad difusa”: una forma de asentamiento suburbano de baja densidad que se extendía formando unos tejidos discontinuos y expandidos por grandes áreas territoriales. Los habitantes de esta ciudad, los “difusos”, eran gentes que vivían al margen de las normas civiles y urbanas más elementales, que sólo habitaban el espacio privado de la casa y del automóvil, que sólo concebían como espacios públicos los centros comerciales, los merenderos, las gasolineras, y las estaciones ferroviarias, y que destruían cualquier espacio proyectado para su vida social. Los nuevos bárbaros que habían invadido la ciudad deseaban convertirla en aquella Paperópolis Global que vive en casitas unifamiliares y que sólo prolonga su hábitat por las autopistas reales y por las redes virtuales de Internet”.
Cuenta la caída de un meteorito cerca de una pequeña ciudad rusa y de cómo las autoridades acordonan el perímetro afectado por el impacto, que pasa a denominarse La Zona, e impiden el acceso a la población (todo esto diez años antes de Chernobil). Se rumorea que en su interior hay una Habitación donde todo el que entra logra sus deseos. La película consiste en la narración del viaje por La Zona en busca de la Habitación, y su vuelta a la ciudad, de tres hombres: el Stalker (el Guía, que sólo va para acompañar a los otros dos), el Escritor y el Profesor. La fotografía es extraordinaria. Comienza en tonos sepia en la ciudad que ya en la Habitación se convierte en color, significando el tránsito al mundo de los deseos. La música de Artemiev se mezcla con el sonido ambiente produciendo una banda sonora casi hipnótica y extraña que, unida a un ritmo cinematográfico lento, que se recrea en producir imágenes casi pictóricas, produce un resultado muy especial.
En realidad hoy no quería hablaros de cine (este blog no es de cine) pero siempre que empiezo a escribir las cosas se van liando y nunca sé muy bien en qué (o dónde) acabará todo. Me pasa algo parecido a la metáfora del camino que tanto me gusta: lo que importa no es el destino, el sitio a donde vayas, sino el hecho del viaje, el propio recorrido. De todas formas hoy voy a intentar centrarme. Quería hablaros de un libro “Walkscapes, el andar como práctica estética” de Francesco Careri, profesor de la Universidad Roma Tre y miembro del grupo Stalker (por fin hemos llegado). El grupo se formó en los años 90 como una especie de laboratorio dedicado a la investigación sobre el arte urbano y con una atención preferente a las zonas periféricas de las ciudades. En sus comienzos este grupo de arquitectos redactó un manifiesto programático titulado “Stalker attraverso i territori attuali”. Propone buscar la ciudad inconsciente en esos territorios de nadie, difusos, perdidos entre áreas de urbanización dura (esos territorios que muchos entendemos como la esencia de la ciudad actual) para experimentar con ellos.
El método que proponen para hacerlo es la “transurbancia”. Se trata de pasear, de recorrer el territorio levantando mapas no convencionales. Como se puede leer en su página web: “Si se afronta a pie, la metrópoli se convierte en un mundo inexplorado en muchas de sus partes, un mundo hecho de territorios caóticos, en el cual los asentamientos abusivos se sitúan junto a los yacimientos arqueológicos; las líneas de alta tensión y las autopistas se intersecan con los acueductos romanos; y las modernas ruinas industriales acogen una fauna y una flora que jamás hasta ahora habían habitado la ciudad”.
Stalker es en la actualidad también Osservatorio Nomade definido como un proyecto transdisciplinar de investigación y que centra muchas de las actividades del grupo. He comenzado por hablar de Stalker y del Osservatorio Nomade porque pienso que sin estos antecedentes la figura de Francesco Careri no se entiende adecuadamente. Puede ayudar también la magnífica entrevista que para el blog Epulare le hizo Jorge García de la Cámara con ocasión de una visita que realizó a Barcelona el año pasado. En esta entrevista, además de explicar su particular trayectoria, habla de la enseñanza de la arquitectura y de los problemas de los arquitectos (que se encuentran en plena redefinición de su rol en la sociedad actual) y de la necesidad de que los estudiantes se impliquen más en la vida y conocimiento de su ciudad. También sobre el hecho de estar continuamente reinventando las mismas cosas. Respecto a este tema me gustaría recordaros el artículo que escribí en el mes de febrero (al comienzo de este semestre) sobre la enseñanza del proyecto urbano, sobre todo en su parte final donde hacía referencia a la revista Antipode y las expediciones de los geógrafos radicales americanos en los años sesenta del pasado siglo.

El libro (por fin empiezo) “Walkscapes, el andar como práctica estética”, está publicado por Gustavo Gili en el año 2002 y cuenta con una introducción de Gilles Tiberghien que no tiene desperdicio. Está en castellano y en inglés, con el sistema de una columna para cada idioma que, desde mi punto de vista, no sirve más que para desperdiciar papel, pero en el resto responde a los estándares de calidad a que nos tiene acostumbrados la editorial. Es decir, que se trata de un libro que se lee sin ninguna dificultad y al que se acaba por tenerle cariño. Desde que se publicó lo vengo recomendando a mis alumnos de “Introducción al Urbanismo” y de “Paisaje y Territorio” de la Escuela de Arquitectura de la Politécnica de Madrid. Pero dado su interés y capacidad de sugestión pienso que se merece comentarlo en el blog.
En el prólogo, llamado “Ciudad nómada”, dice Gilles Tiberghien que el andar ha producido arquitectura y paisaje, y que esta práctica, casi olvidada por completo por los propios arquitectos, se ha visto reconsiderada por los poetas, los filósofos y los artistas. Esta actividad de andar también la ha tratado de reactivar el grupo Stalker que, desde 1995 ha atravesado a pié determinadas zonas intersticiales de Roma, Milán, Torino, Berlín o Miami. Actualmente es ON (Osservatorio Nomade) quien ha tomado el relevo (pueden encontrarse sus últimos proyectos como la “2ª Giornata mondiale della Lentezza” celebrada en Roma, el 25 de febrero de este mismo año, en su página web). En este mismo prólogo de Giles Tiberghien se incluye una cita del libro de John Brinckerhoff titulado “A Sense of Place, a Sense of Time” que no me resisto a transcribir: “Las carreteras ya no nos llevan solamente a unos lugares, sino que son lugares”.
El libro en sí se divide en tres partes: Anti-Walk, Land Walk y Transurbancia, precedidas por una especie de introducción que llama “Errare humanum est…” En esta introducción es donde Careri plantea algunas de las hipótesis que luego desarrollará en el libro. Desde mi punto de vista, académicamente es la parte más floja (y discutible) ya que se encuentra plagada de afirmaciones sin sustento teórico (ni racional) que reinterpretan incluso la historia de la humanidad en clave nómada. Sin embargo, es también la parte más sugerente ya que muchas de estas afirmaciones sin sustento teórico podrían dar lugar a decenas de trabajos de investigación. Es esta capacidad de sugerencia (que abarca todo el libro) la que hace recomendable su lectura y uno de sus valores fundamentales.
Plantea la colocación de los menhires casi como un acto fundacional humano. Dice en la primera página, casi en la primera línea: “Antes de levantar el menhir –llamado en egipcio benben ‘la primera piedra que surgió del caos’-, el hombre poseía una manera simbólica con la cual transformar el paisaje. Esta manera era el andar, una acción fatigosamente aprendida durante los primeros meses de vida, que se convertiría más tarde en un acto que dejaba de ser consciente y pasaba a ser natural, automático. A través del andar el hombre empezó a construir el paisaje natural que lo rodeaba. Y a través del andar se han conformado en nuestro siglo las categorías con las cuales interpretamos los paisajes urbanos que nos rodean.”
Entiende por tanto el recorrido, el espacio atravesado, como la primera acción estética que permite organizar el territorio de la naturaleza con claves humanas. Por tanto, para Careri, el andar es un arte que contiene en su seno tanto al menhir como a la arquitectura, el paisaje o la escultura. Y es sólo andar la acción que permite reintegrarlas a todas ellas de manera unitaria: “En la actualidad podríamos construir una historia del andar como forma de intervención urbana, que contiene los actos simbólicos de aquel acto creativo primario: el errar en tanto que arquitectura del paisaje, entendiendo por paisaje el acto de transformación simbólica, y no sólo física, del espacio antrópico.”
Se cierra el círculo, el menhir como paisajeFamilia de menhires por la pazLa Coruña (España), Fotografías de Galicia
La interpretación que hace en clave nómada de la parábola de Caín y Abel es realmente ingeniosa y todavía más si luego se comprende que la utiliza de base para apoyar las palabras de Giles Deleuze y Félix Guattari en su libro “Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia” cuando diferencian el espacio sedentario del espacio nómada según las marcas más o menos permanentes en el territorio. Entiende así el espacio sedentario como un espacio lleno y el nómada como vacío. Aunque también diferencia a éste del espacio del errabundeo en el sentido de su finalidad es perseguir las presas para cazarlas mientras que el del nómada es la trashumancia y, por tanto, con componentes más cíclicos y menos azarosos.
De cualquier forma, el acto trascendental va a tener lugar con la erección del menhir. Según el autor “El menhir constituye la nueva presencia en el espacio del neolítico. Es el objeto a la vez abstracto y vivo a partir del cual se desarrollarán posteriormente la arquitectura (columna tripartita) y la escultura (la estela-estatua)”. Entiende, por tanto, que el espacio recorrido es anterior al espacio arquitectónico lo que tiene importantes repercusiones que son claves para su entendimiento: “… una vez eliminada la insensatez de aquellas convicciones, tan habituales, según las cuales la arquitectura sería una invención vinculada al mundo sedentario y en ningún caso al nómada, no vamos a entrar en la historia de la arquitectura posterior, sino que nos detendremos en la etapa del errabundeo, en el recorrido entendido como acción simbólica y no como signo o como objeto situado en el espacio”.

A partir de esta base Careri profundiza en tres momentos de transición fundamentales en la Historia del Arte enfocándolos desde la especial perspectiva de caminar. La primera entre el Dadaísmo y el Surrealismo, la segunda de la Internacional Letrista a la Situacionista y la tercera del Minimalismo al Land-Art. Dice refiriéndose a estos momentos: “Al analizar dichos episodios se llega con claridad a una historia de la ciudad recorrida que va desde la ciudad banal de Dada hasta la ciudad entrópica de Robert Smithson, pasando por la ciudad inconsciente y onírica de los surrealistas y por la ciudad lúdica y nómada de los situacionistas.”
En el capitulo que llama Anti-Walk analiza los dos primeros periodos. Parte de las visitas organizadas en los años veinte del pasado siglo por Dada a los lugares más banales de la ciudad de París. Luego, en 1924, la propuesta del vagabundeo a campo abierto y el descubrimiento en el andar de una componente onírica y surreal. El viaje se convierte entonces en algo parecido a una ceremonia iniciática capaz de revelar las zonas inconscientes del espacio y las áreas invisibles de la ciudad. En los años cincuenta la Internacional Letrista cambia el sentido del deambular surrealista construyendo la Teoría de la Deriva que en 1956 (en España estábamos aprobando la primera Ley del Suelo) en Alba tropieza con la cultura nómada. Un año después Constant proyecta un campamento para los gitanos de Alba mientras se difunden las primeras imágenes de una ciudad basada en el deriva.
Los situacionistas sustituyen las ciudad onírica de los surrealistas por una ciudad lúdica, y el azar del errabundeo por la construcción de unas reglas de juego propias, no convencionales. Pero el que le da una dimensión histórica y arquitectónica a la teoría de la deriva es Constantproponiendo New Babylon. No se trata “de una ciudad sedentaria enraizada en el suelo, sino de una ciudad nómada suspendida en el aire, una Torre de Babel horizontal que va ocupando territorios inmensos hasta envolver toda la superficie de la Tierra”. Parece que proyectar una ciudad para una población nómada que niega la ciudad es un contrasentido y de este contrasentido surge “una arquitectura megaestructural y laberíntica, construida en base a las líneas sinuosas de los recorridos nómadas”. El proyecto se desarrolla a la vez que la teoría situacionista del “urbanismo unitario” una nueva forma creativa de transformación del espacio urbano, en que las diferentes artes confluyen en la construcción de la ciudad, y los ciudadanos asumen la autodeterminación de su propio ambiente.
El capitulo que llama Land Walk está dedicado al andar como forma de intervención artística en la naturaleza. Parte de un articulo seminal, el publicado por Tony Smith en 1966 en la revista Artforum, sobre el relato de su viaje por una autopista en construcción, que origina toda la polémica entre críticos de arte y minimalistas. Dice Careri “El land art revisita a través del andar los orígenes arcaicos del paisajismo y de las relaciones entre arte y arquitectura, haciendo que la escultura se reapropie de los espacios y los medios de la arquitectura”. Otro momento importante es 1967, cuando Richard Long realiza A Line Made by Walking (pueden entrarse más detalles en el articulo de este blog “El paisaje, intervenciones artísticas no destructivas”) y Robert Smithson termina A Tour of the Monuments of Passaic, el primer viaje a través de los espacios vacíos de la periferia contemporánea.
En el capitulo sobre la Transurbancia Careri explica la propuesta de Stalker/ON para analizar, intervenir y comprender la ciudad de la periferia que se ha formado al margen de casi todo. Esta ciudad periférica, formada por fragmentos que se sobrepone a todos los intentos actuales de organización y planificación, que se dibuja mediante distribuciones irregulares y parece como si gozara de la misma cualidad que los fractales: la autosimilitud. A diferentes escalas los fragmentos son muy similares. Esta es la ciudad de la transurbancia. Ya acabo. A los que sigáis este blog os van a sonar las palabras que aparecen casi al final del libro al referirse al desmoronamiento de la ciudad tradicional, y con las que termino esta reseña:
“Un primer paso fue la comprensión de que este proceso de desmoronamiento se estaba extendiendo mucho más allá de los límites de lo que se creía que era la ciudad, y que formaba un auténtico sistema territorial, la “ciudad difusa”: una forma de asentamiento suburbano de baja densidad que se extendía formando unos tejidos discontinuos y expandidos por grandes áreas territoriales. Los habitantes de esta ciudad, los “difusos”, eran gentes que vivían al margen de las normas civiles y urbanas más elementales, que sólo habitaban el espacio privado de la casa y del automóvil, que sólo concebían como espacios públicos los centros comerciales, los merenderos, las gasolineras, y las estaciones ferroviarias, y que destruían cualquier espacio proyectado para su vida social. Los nuevos bárbaros que habían invadido la ciudad deseaban convertirla en aquella Paperópolis Global que vive en casitas unifamiliares y que sólo prolonga su hábitat por las autopistas reales y por las redes virtuales de Internet”.
miércoles, 20 de marzo de 2019
Datos estadisticos Ciudad de Campana
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Datos estadisticos Ciudad de Campana
http://www.estadistica.ec.gba.gov.ar/dpe/images/Proyecciones_x_municipio__2010-2025.pdf
Plan de Desarrollo Territorial del Partido de Campana
Diagnostico Ciudad de Campana ( dic 2012)
domingo, 10 de marzo de 2019
domingo, 3 de marzo de 2019
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